Carta abierta a la COCEU sobre el escándalo del Cardenal McCarrick

23 de Julio del 2018

Carta Abierta a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

A los Miembros Reverendísimos de la COCEU (USCCB siglas en ingles),

Soy una profesional católica preocupada. Tengo títulos en derecho civil y derecho canónico. También soy esposa, madre de tres hijos y activista a favor de la vida y en contra del alquiler de úteros. De acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, he patrocinado a inmigrantes y ayudado a personas ilegales a obtener la ciudadanía. Mi esposo y yo somos feligreses activos en San Francisco, California y Park City, Utah. Hemos criado a nuestros hijos en la Iglesia y hemos aguantado junto con la Iglesia, la impactante exposición de casos de abusos sexuales contra niños por parte de algunos de nuestros clérigos.

He sido fiel y he participado.

La reciente exposición del abuso sexual y el estilo de vida del Cardenal “Tío Ted” McCarrick abre viejas heridas de traición por parte del clero y un nuevo, y mucho más serio capítulo, en la autoridad moral de la Conferencia Episcopal. La credibilidad y la viabilidad de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (COCEU) están ahora puestas en duda.

Aquellos de nosotros que hemos seguido la respuesta de la Conferencia a la exposición del Boston Globe en el 2002 encontramos consuelo en el empleo de la Universidad de Justicia Penal de John Jay para estudiar, primero, el alcance del abuso sexual y, posteriormente, las causas y el contexto de ese abuso. También adoptamos el Estatuto para la Protección de Niños y Jóvenes del 2002 de la COCEU (USCCB siglas en ingles), como una declaración de acción sincera y como un momento decisivo creando transparencia y cooperación con los laicos para evitar cualquier abuso y escándalo más. 

Los laicos acompañamos a la COCEU (USCCB) y a nuestras diócesis para exponer, sanar y compensar  los delitos sexuales brutos del clero a través de contribuciones hechas por medio de tiempo, talento y dinero. Nos mantuvimos firmes gracias a las promesas de nuestros pastores de que el informe, la exposición y la seguridad sexual serian la nueva norma; el admitir malas acciones y proveer recompensa y curación para las víctimas, seria el nuevo lenguaje espiritual; así como el tener cero tolerancia con comportamientos depredadores del clero, seria el estándar inflexible de todos los obispos.

Sin embargo, aquí nos estamos despertando ante titulares escandalosos como: “Cardenal Estadounidense acusado de Abusar Sexualmente de Menores es Removido del Ministerio” (NYT); “Hombre dice que el Cardenal McCarrick, su ‘tío Ted’, Abusó Sexualmente de él Durante Años” (NYT)); “El Cardenal McCarrick, ex arzobispo de Washington, acusado de abuso sexual y destituido del ministerio” (WashPost). Las acusaciones ahora incluyen el abuso sexual de menores, así como el comportamiento depredador sexual con seminaristas y sacerdotes jóvenes.

Además, las revelaciones de los medios insisten en que los comportamientos depredadores del Cardenal McCarrick han sido muy bien conocidos durante décadas. Esto afirma la escritora de religión Julia Duin: “Numerosos periodistas, y católicos, sabían que McCarrick ha sido acusado de este tipo de cosas durante décadas y que cultivó a seminaristas masculinos con fines sexuales durante años”.  El escritor conservador estadounidense Rod Dreher hace afirmaciones similares en su artículo “Cardenal McCarrick: Everybody Knew”.

¿Se recuerdan cómo, después de que Harvey Weinstein fue arrestado por ser un abusador sexual en serie, surgió que mucha gente ya sabía esto sobre Weinstein, pero nunca dijeron nada al respecto? Lo mismo es cierto sobre el cardenal Theodore McCarrick. . . Nunca escuché que McCarrick abusara de menores, pero escuché de muchas fuentes que perseguía a los seminaristas. Tenía la costumbre de invitarlos a su casa de playa y siempre invitaba a un joven de más de para lo que tenia espacio en camas. Este desafortunado individuo tenia que acostarse en el cuarto con el Arzobispo, a quien le encantaba acurrucarse.

Las acusaciones de que los comportamientos sexuales inapropiados y depredadores del Cardenal McCarrick eran bien conocidos en círculos periodísticos y ciertos círculos clericales plantean un problema crítico: ¿Estaban al tanto de estas acusaciones o de los comportamientos reales del Cardenal McCarrick los miembros de la COCEU (la USCCB)? Cuando la COCEU emprendió la tarea de restablecer la credibilidad ante la autoridad pública y moral del organismo comunal después de pasar años ignorando, malinterpretando y manejando mal las acusaciones creíbles de abuso clerical de niños, ¿sabían que uno de los suyos, el entonces arzobispo McCarrick, debería haber estado en la base de datos de delincuentes, y no sentado en la sala con ellos?

Como abogada, feminista y madre, me viene a la mente de inmediato, como el Sr. Dreher, el comportamiento depredador de Harvey Weinstein y cómo Hollywood se hizo de la vista gorda. ¿Se comportó la COCEU (USCCB) de manera diferente a las celebridades civiles, las cuales no se atrevieron a causar vergüenza pública a uno de los suyos?

Sin embargo, voy más allá del Sr. Dreher y me alarmo y temo al  reflexionar sobre la conspiración de silencio que permitió y protegió a Jerry Sandusky de Penn State durante sus años de depredación sexual. ¿Es posible que nuestros Apóstoles de Cristo hayan ignorado los hechos conocidos o las acusaciones contra “uno de los suyos” incluso cuando prometieron a los laicos que la COCEU (USCCB) tomaría todas las medidas necesarias para proporcionar un entorno sexualmente seguro para nuestros jóvenes?

Si bien la COCEU (USCCB) no es un cuerpo disciplinario con respecto a sus miembros individuales, ni desplaza la relación primaria que cada Obispo tiene con el Santo Pontífice, la conferencia funciona como una comunidad primaria para los obispos. Su propósito es fomentar “la comunión de caridad fraterna y el celo por la misión universal confiada a los Apóstoles” y permitir a los obispos “[agrupar] sus habilidades y voluntades para el bien común y para el bienestar de las iglesias individuales”. (Christus Dominus, 36).

La COCEU (USCCB) no es una unión, una organización profesional o un personal de entrenamiento. Mediante el derecho canónico, se compromete “a promover el bien mayor que la Iglesia ofrece a la humanidad, especialmente a través de las formas y métodos del apostolado adaptados a las circunstancias de tiempo y lugar, de acuerdo con la norma de la ley” (c 447). Este escándalo actual, junto con acusaciones puntuales en la prensa de que el comportamiento predatorio del Cardenal McCarrick era conocido por al menos algunos de sus compañeros obispos (ver Dreher, “El Cardenal McCarrick: Everybody Knew”) plantea la legítima preocupación de que la COCEU, al igual que Hollywood y el personal de entrenamiento de Penn State, ha permitido que al menos uno de sus miembros participe en décadas de comportamiento depredador sexual.

Este escándalo no pasará. No va a olvidarse. No es un detalle insignificante en la crisis de abuso sexual. Incluso mientras escribo esto, temo los titulares en los días venideros. ¿Cuántas más víctimas heridas y dañadas por el Cardenal McCarrick podrán presentarse finalmente? ¿Cuántos otros obispos se han involucrado en un comportamiento predatorio similar o cuantos le dieron la espalda a las víctimas que se quejaron del comportamiento sexual inapropiado por parte de sus compañeros obispos?

Con esta vergonzosa exposición de la historia del Cardenal McCarrick, la COCEU (USCCB) entra en un capítulo nuevo y ominoso. Los obispos deben confrontar preguntas serias sobre el papel y la credibilidad de la Conferencia misma, su capacidad para proporcionar corrección moral y orientación para los laicos católicos, y si funciona de conformidad con el Derecho Canónico “para el bien común y para el bienestar de las iglesias individuales “o si se ha metasticizado en una organización opaca sirviendo para el posicionamiento y la  protección de los obispos.

Los insto a la revelación de información, la transparencia y la comunicación. Los insto a encargar un tercer estudio que tenga como enfoque cómo un obispo que abusaba sexualmente no solo se mantuvo inmune al escrutinio que nuestros sacerdotes sufrieron durante la crisis de abuso sexual, sino que avanzo en su Episcopado. Este estudio debe detallar lo que sabían los compañeros obispos del cardenal McCarrick sobre las acusaciones y los casos de depredación sexual y, en todo caso, qué hizo la comunidad de obispos para abordar la información. También debe revelar completa y finalmente el alcance de la mala conducta sexual y las acusaciones de mala conducta por parte del Cardenal McCarrick, así como de cualquier otro obispo, detallando el propio cumplimiento de los obispos con los estándares impuestos a todo el clero en el 2002.

También solicito a la COCEU (USCCB) que designe de inmediato una comisión de laicos para que trabajen con la COCEU en el inicio de esta investigación y para que formulen observaciones independientes y recomendaciones con respecto a los procedimientos para exponer, denunciar y abordar la conducta sexual inapropiada por parte de nuestros obispos. Es fundamental para los católicos, que están llamados a alentar a sus hijos hacia el sacerdocio, el comprender el alcance de la depredación sexual y su facilitación, entre nuestros obispos. La voz de los laicos debe ser incluida y escuchada, ya que la voz de nuestros obispos nos ha fallado.

En Cristo,

Marjorie Murphy Campbell